sábado, 13 de agosto de 2011

Diario de preabordo y II

Ir desde Madrid a Barcelona por carretera un día laborable es hoy por hoy un suplicio aparte de un pellizco en el bolsillo.
Un suplicio porque la autovía está en obras desde Madrid hasta Zaragoza, que es adonde llega la autovía, porque después o carretera N II, con un sólo carril por sentido y llena de camiones, o AP2, o sea, autopista de peaje 25 € desde Zaragoza hasta Barcelona.
Comimos con los bocadillos que preparamos en Madrid en la primera área de descanso que te encuentras cuando entras en esa AP 2. Por lo menos eso sí, tiene muchas áreas con gasolinera, tienda, restaurante y zona de descanso o sólamente áreas de descanso. Está muy bien hecha, recuperas algo de tiempo. Eso de comer unos bocatas y beber unos refrescos llevados en la neverita es un invento, y barato. Y lo más simpático de la autopista es cuando todavía en Aragón te encuentras con la señales de que vas a pasar por el meridiano 0, el de Greenwich, y cuando llegas hay un arco en la carretera al modo de lo que sería el paso de esa línea imaginaria por ese punto. Curioso.

Meridiano de Greenwich
Entrar en Barcelona no es complicado y menos con GPS pero hay muchos coches, muchísimos como es normal. Entras por la ronda del litoral que llaman, con un cementerio a la izquierda sobre la montaña que, aun siendo un cementerio es muy bonito y vas viendo a tu derecha el puerto y ya vas alargando el cuello a ver si ves los cruceros.
El GPS te lleva a la puerta del hotel. El Hotel Grums en una calle perpendicular a la avenida del Paralelo, muy cerca de la estatua de Colón, al final de las Ramblas y muy cerca del Puerto.
Un hotel muy moderno en todos los sentidos, en decoración, en diseño, en que el lavabo está fuera del cuarto de baño, en que cada habitación es un monumento de Barcelona (nos tocó la Catedral). Está muy bien, si vais a Barcelona os lo recomiendo, unas camas comodísimas y un precio normal para los que vamos con dos niños y nos permiten al menos que estemos los cuatro en una habitación.
Nada más llegar tuve que ir a dejar el coche a Aparca y Vola (o Navega) muy cerca del aeropuerto. Se tira de GPS y a la puerta. Es una nave donde puedes tener en coche mientras estás de viaje a muy buen precio y bajo techo. Ellos mismos me llevaron a la estación de RENFE donde un tren me llevó hasta el Paseo de Gracia, allí se enlaza con el metro y salí a Drassanas, junto a Colón. Me hubiera evitado un pequeño paseo si hubiera salido por la avenida del Parelelo, pero todo no puede ser perfecto.
A ducharse y a la calle. Paseo hasta Colón y cumplimiento de dos visitas no hechas el año pasado. Ver la Basílica de la Mercé, que no nos aclaremos si es patrona o copatrona de Barcelona, porque luego está Santa Eulalia y paseo por el puerto hasta la Barceloneta.

Playa de la Barceloneta


Virgen de la Merced
En el paseo, como ya nos indicaron en un estanco donde preguntamos, nos encontramos con decenas de restaurantes de todo tipo y nacionalidad, unos muy lujosos junto al mar, imposibles, sólo para guiris con dinero. y otros a la espalda de la playa desde donde salían, maitres, camareros o cualquiera que te invitaban a entrar y cenar.

Bástase que lo intentaran para que no entráramos en ninguno de ellos. Seguimos hasta la playa y ya sí que había que ir pensando en cenar algo. Del restaurante recomendado por el hotel, nada de nada, prohibitivo por mucho que dijera la chica. Al final después de callejear por las calles que quedan entre la Barceloneta y el puerto, calle Juan de Borbón, dimos con LA BOMBETA, en la calle Maquinista número 3, donde nadie te asalta en medio de la calle para que entres y donde te atienden muy bien, comes muy bien y a muy buen precio. Un cartel reza encima de la barra, que no hablan inglés pero hacen unas bombas cojonudas, de lo cual damos fe, y de todo lo que comimos, rabas, patatas bravas, pan tumaca, etc. Yo al menos también lo recomiendo si vais a Barcelona.
Finalmente, antes de cerrar este capítulo porque ya sólo queda dormir que mañana salimos de crucero, es volver a reiterar que son tres los días que he estado en Barcelona y que he comprado cosas, preguntado cosas, entrado en bares y todo el mundo cuando le he hablado en castellano me ha respondido en castellano y todos con mucha educación y simpatía. Cuando me pase lo contrario, lo diré.

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