Último madrugón. Por apurar un poco, llegamos los últimos al autobús. Tranquilos que sólo eran las 8.30 de la mañana. Tras una brevísima panorámica de Nápoles, tan breve que sólo dio tiempo a quedarse con las ganas de pateársela un poco pese a los comentarios de peligrosidad que todos nos hacían y a hacerse una foto frente a una fortaleza (además tiene que gustarme por aquello de su pasado español, ya sabéis que yo me contento con poco y a todo le saco partido), salimos hacia Pompeya en el Calamare Nostrum Pompeianus II.
El camino es precioso. A la izquierda el Vesubio con sus dos cimas, la segunda fruto de una erupción, y las fértiles tierras volcánicas. A la derecha una volcánica lengua de tierra que se adentra en el mar.
¡Qué de gente en Pompeya! ¿Crisis? Tras la preceptiva entrada en los servicios y una bronca monumental de una señora en la taquilla porque los grupos tienen prioridad y literalmente los guías se cuelan por la cara, entramos. Teatro pequeño, plazas, calles, pasos elevados de peatones en las calles para evitar pisar las aguas fecales y el fango que de las casas salía y con sus correspondientes huecos hechos en la piedra para que pasaran los carros, señales de dirección única de carros, los baños, el templo, casas de nobles, prostíbulos y el imponente Vesubio siempre al fondo.
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| El Vesubio |
Impresiona pensar cómo desapareció de los mapas la ciudad y casi todos sus habitantes después de la erupción hasta el punto de olvidarse de ella a los pocos meses de éste. Curioso de ver las figuras sacadas de los huecos dejados por aquellos que murieron axfisiados.
A mediodía estábamos en el barco, comimos y nos fuimos a descansar pensando unos en ir después a la piscina o a los clubes infantiles pero el cansancio acumulado en estos días hizo que la siesta se prolongara hasta la hora de la ducha, la cerveza precena, la cena, el espectáculo (si fue el de banco y negro fue un homenaje a Michael Jacson, si fue el hawaiano unos bailes tropicales y noche tropical en la piscina a la que ni subimos), café y cocktail postcena, paseo creo que por el casino donde echamos unas moneditas en las tragaperras para comprobar el timo que suponen y quizás una exposición de figuras hechas con comida y con hielo, budas, patos, dragones que luego se podían comer y algunos supongo que comieron . Creo recordar que también compramos los limoncelos ese día. Y a dormir que ya está bien el día.
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| Sentido único |
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| Hacia el burdel |
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| Paso elevado para peatones |







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